Life Alnus Taejo

Tecnología, restauración y monitorización genética: nuevos avances de LIFE Alnus Taejo en la cuenca del Tajo

La actividad en el proyecto LIFE Alnus Taejo continúa desarrollándose en diferentes puntos de la cuenca del Tajo, donde los equipos de AMBIENTA Ingeniería y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) siguen impulsando actuaciones clave para la conservación y restauración de los bosques de ribera.

En el Arroyo de Garganta Vieja se ha llevado a cabo una visita técnica para evaluar el estado del cauce tras las últimas avenidas y planificar las intervenciones necesarias para recuperar su dinámica natural. Este tipo de actuaciones permiten adaptar las medidas de restauración a la evolución del río y favorecer la recuperación de sus procesos ecológicos.

     

 

Por otro lado, en el río Árrago se han puesto en marcha nuevas estrategias de restauración de la vegetación de ribera basadas en soluciones inspiradas en la naturaleza. Entre ellas destaca la implantación de viveros volantes, una técnica innovadora que permite producir plantas directamente en el entorno de actuación, favoreciendo su adaptación a las condiciones locales y aumentando las probabilidades de éxito de las futuras restauraciones.

    

Los trabajos también han incorporado herramientas tecnológicas de última generación. La combinación de drones y sistemas de escaneo LIDAR terrestre ha permitido obtener una cartografía de alta precisión de los terrenos de actuación, generando información detallada que facilita la planificación y ejecución de intervenciones más eficientes y ajustadas a las características de cada espacio.

    

Además, en el río Los Ángeles se ha continuado avanzando en los estudios de monitorización genética de las alisedas. Estos trabajos proporcionan información fundamental sobre el estado de salud de las poblaciones de aliso y permiten identificar posibles amenazas, contribuyendo a la conservación a largo plazo de este hábitat prioritario.

Cada visita técnica, cada muestra recogida y cada dato obtenido representan un paso más hacia la recuperación de unos ecosistemas fluviales más resilientes, capaces de afrontar los desafíos derivados del cambio climático y de seguir proporcionando los múltiples beneficios ambientales asociados a los bosques de ribera.

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